La matemática
expulsada de la escuela
David Block y Martha Dávila Departamento de Investigaciones
Educativas. ClNVESTAV·IPN
(Tomado de Educación Matemática (3).
va)
5. México, 1993.
2 Ferreiro, E., Fuenlabrada, 1. (responsables). Nemirovsky, M. (coordinación). Nemirovsky, M.,
Block, D., Dávila, M. (equipo de investigación), Proyecto de Investigación: Conceptualizaciones
matemáticas en adultos no alfabetizados,
DIE-CINVESTAV-IPN, 1987.
*
Este artículo. dirigido a maestros de educación primaria, contiene algunas
reflexiones acerca de una característica de las matemáticas escolares en el
nivel básico: la exclusión de los conocimientos informales que tienen los
alumnos. Se argumenta que, sin embargo, la puesta en juego de conocimientos
informales representa, para los alumnos, una vía importante para aprender a
crear procedimientos originales de solución a problemas y, sobre todo, forma
parte del proceso que les permite acceder a los conocimientos formales de las
matemáticas, de manera que éstos tengan mayor sentido para ello*.
Las
matemáticas de Margarita
Margarita
es una mujer alta, fornida, morena, de pelo corto, negro y ondulado, ojos
oscuros, y su semblante se ve demacrado. Tiene 37 años, es casada y ha tenido
10hijos cuyas edades oscilan entre los 8 y los 22 años. Ha trabajado desde muy
joven en los quehaceres domésticos, lavando y planchando ajeno. Nunca fue a la
escuela, no sabe leer ni escribir, y sólo conoce la representación de los números
del 1 al 10. Ella es uno de los adultos que fueron entrevistados en el Proyecto
de Investigación "Conceptualizaciones matemáticas de Adultos no
Alfabetizados" que se llevó a cabo en el Departamento de Investigaciones
Educativas, en el año de 1987. Durante la entrevista, Margarita proporcionó
algunos datos que se utilizaron para plantearle problemas matemáticos que
resolvió acertadamente, aunque en varias ocasiones comentó no saber nada:
"Es que yo no sé nada, no puedo".
Veamos
cómo se desempeña Margarita frente a algunos de los problemas que se le
plantean:
Entrevistador: "¿Cuánto
vale ahorita el camión?" (refiriéndose a lo que cobran por el trayecto en
el autobús)
Margarita: "Pues
ahorita están cobrando veinte pesos"
Entrevistador: "Si yo
le dijera que me gasté quinientos cuarenta pesos en camiones a 10 largo de todo
el mes, ¿usted podría saber cuántas veces usé el camión?"
M.:
"Sí"
E.:
"¿Cómo?"
M.: "Bueno,
pues haciendo la cuenta"
E.:
"¿Cómo?"
M.:
"¿Quinientos qué, me dijo?"
É.: "Me
gasté quinientos cuarenta pesos durante el mes, en viajes de veinte
pesos.
Usted, a partir de esto, ¿podría adivinar cuántas veces me subí a un camión?
M.: (Se queda
pensativa, tiene las manos sobre las piernas, suelta la risa y dice): "se
subió veintisiete veces al camión".
E.: "Ahora,
¿me puede platicar cómo le hizo"?
M.:
"Bueno pues, es que si cobran veinte pesos, cien pesos tiene cinco
veintes, con cien pesos se sube cinco veces, ¿no?
E..: la
"A""
M.:
"Entonces, si se sube diez veces son doscientos, si se sube quince veces son
trescientos (se ríe). Si se sube veinte veces son cuatrocientos pesos y si se sube
veinticinco veces son quinientos pesos (se ríe). Y sobran otros dos veintes,
son veintisiete veces" (se ríe divertida).
En
la resolución de este problema cabe destacar, por un lado, la claridad muy
particular en Margarita para explicitar los procedimientos que siguió para llegar
a los resultados de los problemas (en general, esta claridad no se dio con
todos los sujetos que se entrevistaron), y por otro lado, la habilidad que demostró
en el manejo de algunos elementos matemáticos, de manera implícita, en los
procedimientos que utilizó para resolver los problemas.
En
este caso, el problema que se le planteó podía resolverse con la división
(540
+ 20). Margarita, para resolverlo, hace lo siguiente:
Lo que no se
aprende sin la escuela
Aceptando
que lo que Margarita hace sí es hacer matemáticas, así sean matemáticas con
"m minúscula" como señala Bíshop (1988), cabe hacemos dos preguntas
más: ¿cómo aprendió? y, si aprendió sin la escuela, entonces, ¿para qué sirve
la escuela? Margarita aprendió a partir de enfrentarse a numerosos problemas
que tuvo que resolver a lo largo de su vida. Afortunadamente, nadie la reprobó
cuando ella, al hacer una compra, exigía un cambio justo usando un
procedimiento no canónico. Al contrario, tuvo la satisfacción de poder saber
cuánto le tenían que devolver. Con respecto a la segunda pregunta: ¿para qué
sirve la escuela?, basta con destacar la evidencia de que una persona no puede,
ni a lo largo de toda su vida, reconstruir los conocimientos que muchas
personas han construido a lo largo de miles de años. Los algoritmos que se nos
enseñan en la escuela, por ejemplo, son herramientas matemáticas poderosas
porque permiten resolver una gran variedad de problemas de una manera más
económica, más rápida, y permiten también, gracias al lenguaje con el que se
expresan, comunicar a los demás con precisión los procedimientos que empleamos.
A
pesar de que Margarita demostró una gran capacidad para resolver problemas, sus
procedimientos tienen un límite de eficacia. Necesita guardar demasiadas cosas
en su memoria, y ésta, aunque está muy desarrollada, no es ilimitada. Por otro
lado, Margarita muestra dificultades para leer y escribir cantidades.
Esto
implica una limitación muy grande en nuestro medio, en el que la información
escrita es un vehículo básico de comunicación. Otro aspecto importante a tener
en cuenta es que lo que Margarita sabe hacer lo ha aprendido a lo largo de más
de 30 años de experiencias. Los requerimientos
de
nuestra sociedad nos hacen esperar que nuestros niños lo puedan hacer en sólo
seis años.
Es
claro que la escuela es necesaria, pero también es claro que no hemos
logrado
que cumpla satisfactoriamente su función: desarrollar la capacidad de nuestros
alumnos para resolver problemas utilizando los conocimientos matemáticos con
los que cuentan.

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