Desarrollo físico y salud




  Un bosquejo del desarrollo físico en niños de tres, cuatro y cinco años de edad*

Sue Bredekamp y Carol Copple (eds.)
Curso de Formación y Actualización Profesional para el Personal Docente de Educación Preescolar

Volumen II
Programa de Educación Preescolar 2004



“Brinca la tablita; yo ya la brinqué; bríncala de nuevo; yo ya me cansé”, canta un grupo en el jardín de niños mientras saltan en el patio de la escuela. Todos los niños realizan los movimientos de esta canción con poca dificultad. Dos de ellos dan vueltas a la cuerda y varios esperan su turno para entrar a brincar. No muy lejos, están tres niños más pequeños que alternan entre risas y miradas de frustración mientras intentan brincar la cuerda por su cuenta.

Son niños de tres y cuatro años que todavía no han dominado la técnica de mantener la cuerda sobre sus cabezas y luego brincarla. Un adulto les ofrece ayuda, pero todos los niños tienen algún tipo de dificultad. Al percatarse de que los niños de tres o cuatro años requieren de más tiempo para madurar antes de que puedan dominar el movimiento de brincar la cuerda, sugiere otras alternativas de juego como lanzar y atrapar una pelota o patearla, lo cual será un reto, pero no resultará frustrante. El desarrollo físico es un aspecto importante del desarrollo durante la niñez temprana. Implica una interacción entre nuevas capacidades físicas que resultan del crecimiento real del niño y la maduración de habilidades que se desarrollan como experiencia y capacitación proporcionada por los adultos (Gallahue, 1993).

Crecimiento físico

La cantidad y ritmo de crecimiento en los niños entre las edades de tres y cinco años varía. Algunos niños crecen hasta 15 cm durante un periodo de tres años, mientras otros solamente crecen unas cuantas pulgadas, pero la forma del cuerpo cambia en todos y la distribución del peso se concentra menos en el tronco. El crecimiento en este periodo se da principalmente en
el tronco y las piernas. El ritmo de crecimiento físico en estas edades es más constante, pero más lento que durante los primeros tres años. En promedio, los niños aumentan aproximadamente tres kilogramos y cinco u ocho centímetros por año durante el periodo de los tres a los seis años. No obstante, la cantidad de crecimiento varía mucho entre individuos, así como entre niños de diferentes razas.

La imagen corporal de los niños generalmente sigue a su aumento en tamaño. Aprender a monitorear sus cuerpos en el espacio es un reto para este grupo de edad y los accidentes son comunes a raíz de la falta de conciencia de los niños sobre los cambios de tamaño de sus cuerpos (cuando un niño no puede creer que su camisa favorita ya no le queda) y por su falta de planeación de habilidades motoras (cuando un niño escoge la forma más difícil para llegar a un lugar en vez de la más sencilla).

Maduración

Asimismo, existen otros cambios menos notorios en los niños de esta edad. El cerebro crece de 75% a 90% de su tamaño adulto durante estos años. La coordinación mejora con los años conforme la lateralización (cada hemisferio cerebral desarrolla funciones e interconexiones separadas) y la mielinización (el proceso de aislar el sistema nervioso con grasa) se han terminado prácticamente por completo para los seis años. La habilidad con las manos está bastante bien establecida a los cuatro años de edad, aunque la muñeca contiene algo de cartílago que no se osificará hasta alrededor de los seis, lo cual limita un poco sus capacidades motoras finas (Berk, 1996). Como resultado, la mayoría de los niños de esta edad no pueden realizar movimientos circulares completos como los que se utilizan en la letra manuscrita; tampoco tienen la fuerza en las muñecas para impulsarse en barras horizontales. Los 20 dientes de leche ya han salido alrededor de los tres años; en otras palabras, el preescolar no es un bebé.

Estos procesos de crecimiento y maduración promueven muchas nuevas habilidades en todas las áreas del desarrollo.

Sensación y percepción

En general, la vista, el tacto, el olfato, el gusto y el oído están bien desarrollados en el periodo preescolar. Sin embargo, los niños son hipermétropes y siguen desarrollando su coordinación de la visión binocular, que es una de las razones por las cuales la letra en los textos para niños de
esta edad es más grande. Mientras que las habilidades perceptivas están por lo general bien desarrolladas para esta edad, el uso de la información que tenga el niño no es del todo completa, ya que todavía debe desarrollar algunas de las estrategias cognitivas y refinamientos del lenguaje para interpretar y comunicar los datos sensibles. Procesar la información de manera constante mejora entre los tres y los cinco años.

A los dos y tres años, los niños mejoran su capacidad de percibir patrones y discriminar entre diversas formas. Gradualmente, empiezan a reconocer y después a repetir y diseñar patrones visuales. A lo largo de este periodo, los niños muestran un creciente interés hacia la producción de diseños y patrones en proyectos artísticos, rompecabezas, construcciones, así como letras y palabras. Incluso en el jardín de niños, los niños continúan escribiendo letras al revés (confunden la q y la p o la d y la b). Esta confusión es natural porque en el mundo físico un objeto tiene la misma función y nombre independientemente de su orientación direccional.

El sentido del oído de los niños pequeños está bien desarrollado para cuando alcanzan la edad preescolar. No obstante, su capacidad de percibir distinciones fonológicas sutiles en sonidos, como la mezcla de consonantes (necesaria para dominar todas las combinaciones fonéticas del lenguaje), no se desarrolla por completo hasta más o menos los seis años en la mayoría de los niños (Dale, 1976). Por ejemplo, la mayoría de los adultos se han percatado de que, sin importar cuántas veces enuncien el sonido sp, los niños insisten en comer “pagueti”.

Una infección crónica del oído medio durante la infancia o en niños pequeños también puede ser un factor que impida el adecuado desarrollo del oído durante estos años y, más adelante, dificultar la lectura. El tacto, el olfato y el gusto están completamente desarrollados entre los preescolares. De hecho, el sentido del gusto de los niños de esta edad es más agudo que el de los adultos, porque tienen papilas gustativas adicionales en los cachetes y la garganta, lo cual justifica en cierta forma su reputación como “melindrosos en la comida” (Harris 1986).

El desarrollo perceptivo se ve influido por la experiencia, pero depende en gran parte del desarrollo del cerebro y del sistema nervioso central, momento que varía muchísimo, incluso entre niños con desarrollos típicos. Cuando el desarrollo perceptivo de los niños o su coordinación parecen estar significativamente más retrasados que los de otros niños de su edad, un profesional puede decidir si es necesario recomendar unos estudios o evaluaciones diagnósticas, los cuales podrían arrojar resultados que, al compartirlos con los maestros, permitirían a éstos implementar las medidas necesarias. Todos los niños pequeños deben experimentar un conjunto de objetos y actividades en sus vidas diarias a través de las cuales puedan explorar y aprender con los sentidos. A lo largo de los años preescolares, los niños se ven beneficiados por los materiales, las experiencias y las estrategias de enseñanza que les ayudan a aprender las características distintivas de los objetos, los símbolos gráficos y otros estímulos.

Desarrollo motor grueso

El crecimiento físico durante esta edad hace que el centro de gravedad del niño baje, lo cual le permite realizar movimientos más estables y con paso seguro. El desarrollo motor grueso incluye el uso funcional de los brazos y las piernas para actividades como brincar, correr y trepar. Sin embargo, debido a que el sistema nervioso todavía está inmaduro, el tiempo de reacción del preescolar es por lo general mucho más lento que el de un niño de seis o siete años. La variación en el desarrollo [motor] se debe a una combinación de factores ambientales y genéticos, incluyendo la maduración, la motivación, la experiencia y el apoyo de los adultos. Las diferencias entre los grupos raciales en lo que respecta al desarrollo [motor] están documentadas; por ejemplo, la norma de desarrollo [motor] entre los niños afroamericanos supera la de los caucásicos para caminar, correr y brincar (Lee, 1980). Mientras que algunos niños de tres y cuatro años ya demuestran las habilidades motoras gruesas de los de cinco años, las secuencias en que los niños adquieren estas habilidades y las generalizaciones relacionadas con la edad sobre el desarrollo físico son generalmente ciertas para los niños en este rango de edades.

La caracterización del desarrollo de un grupo de edad proporciona un lineamiento universal que permite a los maestros elaborar programas generales. Las expectativas para los niños en un salón de clases en particular deben provenir de la observación que realice el maestro de los niños en una variedad de entornos y actividades físicas reales. Por ejemplo, ver a un grupo
de niños correr no resulta muy útil para identificar a los niños más hábiles o menos hábiles en este rango de edades. La mayoría, a menos que hayan experimentado alguna dificultad o retraso del desarrollo, pueden realizar actividades motoras gruesas básicas como correr. Se puede obtener una mejor noción de los niveles de cada individuo en su destreza motriz al observar a cada niño atravesar un campo de obstáculos que incluya una viga de equilibrio y algo para brincar dentro, saltar fuera y brincar sobre (como aros y túneles). La mayoría de los niños de tres y cuatro años apenas empiezan a trabajar en sus habilidades, como serían equilibrarse, brincar o saltar, y se les presenta un reto con este campo de obstáculos. En estas edades, las dificultades motrices específicas se volverán más obvias para los padres y los maestros, y se podría requerir de la intervención de especialistas (educadores especiales para la niñez temprana, terapeutas físicos y ocupacionales) para evaluar y planear una intervención y apoyo adecuados al desarrollo físico del niño. Si los especialistas realizan una observación cuidadosa de niños de tres, cuatro y cinco años, sus conclusiones generales sobre las habilidades motoras gruesas podrían asemejarse a las que se presentan en los cuadros que aparecen a continuación (véase también Harris, 1986; Nebraska/Iowa, 1993).








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