Lenguaje y comunicación




ESCRIBIMOS EN EL AULA, SEGÚN EN QUÉ AULA

Myriam Nemirovsky
En Aula de infantil , 18 – Marzo-Abril 2004


Enseñar a escribir es un compromiso que, desde las etapas iniciales corresponde básicamente a la institución escolar. La manera en que el docente afronta esta tarea variará sustancial y cualitativamente según la postura o perspectiva educativa que asuma. Es la producción de auténticos textos de uso social en el aula lo que marca la diferencia entre formar autores de textos de calidad o reducirse a promover la realización de meros ejercicios. Es necesario hacer del sistema convencional de escritura un objeto de conocimiento sobre el cual ejercer la reflexión y el análisis, no meras ejercitaciones repetitivas mediante sílabas, palabras o frases sin sentido alguno y carentes de la más mínima significación.

Escribir es una acción humana que consiste en producir textos, y llevarla a cabo implica tres tipos de retos. En primer lugar, decidir qué y cómo decir por escrito lo que se desea; en segundo lugar, si se pretende que el texto tenga uso social, utilizar un sistema de escritura convencional y, en tercer lugar, hacerlo de manera legible y presentable. Tenemos entonces tres aspectos que comprometen distintos tipos de conocimientos por parte del sujeto:

??Decidir qué y cómo decir por escrito lo que se desea

Es, obviamente, la tarea primordial y más compleja que encara el autor de un texto, regida por la reflexión, el análisis, la selección de opciones. Mientras el autor sopesa, contrasta, prioriza, revisa, realiza cambios, etcétera, va perfilando los criterios que determinan su texto. Las decisiones que el autor asume durante este proceso están regidas por la función y el destinatario de su texto, que son los hilos conductores que lo orientan a lo largo de la tarea.

??Utilizar un sistema convencional de escritura.

Para que un texto pueda tener uso social es necesario que se ajuste al sistema convencional de escritura, ya que es una condición necesaria para que el lector pueda ser usuario de ese texto, de manera que la comunidad letrada usuaria de cada lengua utiliza un sistema de escritura reglado, que sus miembros adoptan y comparten, propiciando así la producción e interpretación social de textos en dicha comunidad.

??Hacerlo de manera legible y presentable

Una cierta claridad en el modo de graficación es necesaria para que el texto tenga funcionalidad. Si
bien es un aspecto sumamente laxo y la escritura admite una amplia gama de variaciones en cuanto a tipografía y modos de trazado, hay que tomar en cuenta algunas condiciones mínimas que permitan hacerlo legible y, además, una apariencia agradable contribuye a generar mayor deseo por leerlo.

Como vemos, los tres aspectos vinculados con la producción de un texto son tan distinguibles e incluso separables que cada uno de ellos puede ser asumido por un sujeto diferente. Por ejemplo, el autor lo produce dictándolo, quien lo grafica utiliza un sistema convencional de escritura y, por último, un tercer sujeto se ocupa de mejorar la legibilidad y presentación utilizando un procesador de texto. Evidentemente, el aspecto crucial es la producción como tal, que está a cargo del autor. Los otros aspectos son subsidiarios del primero.

Es claro que si el usuario es exclusivamente el propio autor –como en el caso de notas, listas, apuntes o esquemas para conservar cierta información, diarios personales, etcétera-, tanto el sistema de escritura como la legibilidad y la presentación quedan completamente relegados, ya que basta con que el autor logre recuperar lo que allí ha escrito cuando desee hacerlo. Pero, como dijimos, desde la perspectiva de los textos destinados a usarse socialmente, dichos aspectos cobran peso.

Implicaciones en ámbito escolar

Ahora trasladémonos a la enseñanza. A partir de lo señalado, encarar la formación de sujetos capaces de producir textos implica centrar el trabajo didáctico en la enseñanza de cómo elaborarlos con la mayor calidad posible, tomando en cuenta en cada caso la función y el destinatario. Ahora bien, como en las etapas iniciales del aprendizaje los niños no utilizan todavía el sistema convencional de escritura, cuando los elaboran para darles uso social requieren ser transcriptos convencionalmente y puedan cumplir así la función con la cual se escriben.

Pero, entonces, ¿cómo encarar didácticamente los tres aspectos involucrados en la producción de textos? Dos aspectos los abordamos desde el inicio de la escolaridad: el avance en la calidad textual de sus producciones y el aprendizaje del sistema convencional de escritura. Es evidente que nos interesa que los cuentos que escriban sean interesantes y sugerentes con un claro énfasis en lo literario; que sus cartas cumplan la función comunicativa y sean, en cada caso, acordes con las personas a quienes van dirigidas; que en sus recetas se explicite claramente cómo prepararlas; que sus anuncios
publicitarios sean verdaderamente promotores de lo que intentan propiciar, etcétera. Por lo tanto, el eje fundamental de la tarea docente consiste en impulsar el avance de la calidad textual en las producciones de los niños, y en dichos procesos favorecemos el análisis del sistema de escritura.

Ahora, un ejemplo
Si los niños están elaborando un libro de cuentos mediante el aporte de un cuento individual escrito por cada miembro del grupo, nuestra tarea esencial es impulsar el que dichos cuentos sean lo más coherentes, mejor estructurados, con el léxico más literario… que consideremos posible por parte de cada autor. Y el proceso de trabajo sería el siguiente: el autor escribe el cuento y a la vez nos lo va diciendo en voz alta para que podamos transcribirlo –utilizando nosotros otro folio donde lo hacemos mediante el sistema convencional de escritura-. Cuando el cuento queda concluido, lo leemos juntos (apoyándonos en nuestra transcripción) y analizamos si conviene hacer algún cambio: sustituir un término, agregar o quitar algo, modificar cierta situación… de manera que realizamos una revisión conjunta orientada hacia la mejora del texto, argumentando cada cambio posible y siendo siempre el
niño quien, como autor, toma las decisiones en la búsqueda por incrementar la calidad de su producción.

Una vez que el cuento ya está en su versión definitiva –con las modificaciones que se hayan realizado, provocamos algún tipo de reflexión acerca del sistema de escritura utilizado por el niño. Para ello escogemos un fragmento que consideremos adecuado: puede ser el título o alguna palabra específica para centrarnos en su análisis, ya sea desde el punto de vista cuantitativo (cuántas letras tiene) o cualitativo (qué letras tiene). Durante esta fase del trabajo, en ocasiones nos apoyamos en el uso de letras móviles, de palabras que figuran en los ficheros de que disponemos 1, de libros de la
biblioteca, etcétera.

Según lo hemos descrito, es posible notar que en el proceso están involucrados dos aspectos sucesivos, sobre cada uno de los cuales provocamos un análisis específico: primero, en torno a variantes vinculadas con su calidad textual y, luego, acerca de variantes relacionadas con el sistema de escritura. De esta manera, para los niños es siempre evidente que ante una producción escrita lo fundamental es qué se dice ahí y cómo decirlo, aunque algunos fragmentos sean retomados, en ocasiones, para analizar el sistema de escritura.

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